La Luna Escarlata

Todo está dentro de ti


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Fallece el Dr. WAYNE DYER a la edad de 75 años.

Esta mañana, mi hija Ingrid me ha comunicado que Wayne W. Dyer ha fallecido. He sentido muchas cosas y mi entrada de hoy iba dirigida a compartir con vosotros todo esto. Pero se me ha adelantado y ella ha publicado una entrada al respecto que os traigo aquí. Gracias hija por tu Sensibilidad y tu Amor.

Cristina Ingrid b

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LO CREÍ… (El inmenso poder de la creencia)

Naturaleza confluyendo by Lottar

Naturaleza confluyendo
by Lottar

 

Me dijeron que la vida es dura y que hay que luchar por ella…

Y lo creí.

Me dijeron que mirase en primer lugar por mí porque si no nadie lo haría…

Y lo creí.

Me dijeron que el Amor duele y que hay proteger el propio corazón…

Y lo creí.

Me dijeron que es mejor acatar la realidad y dejar volar los sueños para evitar desengaños…

Y lo creí.

Me dijeron que no pasaba nada por no dar lo mejor de mí en cada caso…

Y lo creí.

Me dijeron que había que trabajar duro para conseguir logros y que eso mediría mi éxito…

Y lo creí.

Me dijeron que no pasa nada por mentir de vez en cuando…

Y lo creí.

Me dijeron que los hombres no lloran y que si no tenías miedo eras un valiente…

Y lo creí.

Me dijeron que cuando lograra una casa, un trabajo, una familia y reconocimiento sería feliz…

Y lo creí.

Creí tantas cosas!

Pero todas ellas, en nombre de la “seguridad” y lo “éticamente correcto”,

me robaron la alegría, la inocencia, la espontaneidad, las ganas de jugar, de reír de verdad,

de soñar, de volar… Parecía que el nuevo “hombre” debía sustituir al olvidado niño…

Pero un día en una hora cierta…

Supe que la vida es dulce y que te protege si crees en ella, que sólo es cuestión de observar

qué mensajes le mandamos a la existencia y qué idea tenemos acerca de ella para comprender

que eso es exactamente lo que nos devolverá.

Supe que es mejor pensar en el otro y qué es lo que necesita él, pues aquello que yo dé

me será devuelto en doble cantidad.

Supe que el Amor Verdadero no duele en absoluto y que es sólo el ego quien sufre.

Supe que la “realidad” que no nos gusta es únicamente sueños desatendidos.

Supe que todo aquello que hiciera debía llevar lo que de mí sabía en cada caso

y que únicamente poniendo el corazón los demás compartirán mis latidos.

Supe que yo no puedo ser medido ni por lo que sé ni por lo que tengo

y que lo único que me puede calibrar es al Amor dado y recibido.

Supe que la verdad, o al menos mi verdad, testaba mi honestidad

y que la autenticidad siempre es sincera y franca.

Supe que mostrar los sentimientos era una virtud y no una debilidad.

Supe que no debía esperar a conseguir “aquello” para ser feliz,

Si no que ser Feliz me posibilitaría lograr “aquello”.

Ahora, regresa mi alegría, mi inocencia, mi espontaneidad, mis ganas de jugar,

mi risa, mi capacidad de soñar y de volar sin alas…

Y ahora siento, y lo siento de verdad,

que ahora sí que puedo AMAR.

Y lo quiero compartir contigo.

TE AMO!

 

 


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A TODAS VOSOTRAS, MARAVILLOSAS Y BENDITAS MUJERES.

De todas las crueldades cometidas por el hombre a través de la historia,

el sometimiento, marginación y maltrato físico y psicológico a la mujer

es uno de los más dolorosos e injustos.

Este video es un mensaje para vosotras, maravillosas y benditas mujeres.

 


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“DESDE AQUÍ NO PUEDO VOLAR” (Fragmento de LA ROSA DE PARÍS)

Monique-

Ayer me volví a sentir en Montmartre y lo compartí con un estado de ánimo de Richard

en mi novela LA ROSA DE PARÍS.

Hoy me siento dentro de las tripas de Montmartre y mi corazón está en Pigalle, junto al Moulin Rouge.

Y lo comparto esta vez con un estado de ánimo de Monique.

 

 

“Monique se removía inquieta entre sus sábanas. Aquel duermevela le hacía enhebrar su semiinconsciencia con dos hilos distintos, el onírico y el real. Soñaba que al asomarse por la ventana de su cuarto todo París se mostraba radiante ante sus ojos. Enseguida se percató que su habitación estaba en lo alto de una torre. Quería arrojarse al vacío y volar libre, rozar con sus cabellos los tejados y volver a subir al cielo para ser una estrella más. Pero una honda tristeza convertía en plomo sus alas impidiéndole saltar. Cerró los ojos y al abrirlos el paisaje había cambiado, todo lo que se veía de París era una sucia calle recorrida por gente con el rostro desdibujado que la miraban al pasar. Aquello le provocó una terrible angustia que le hizo salir del sueño.

Vivía en un modesto piso de Pigalle, muy cerca del Moulin Rouge, en un bajo que daba a la calle y que le hacía sentir que desde allí no podía remontar el vuelo.

Se incorporó sólo para quedarse recostada con la mirada perdida. El recuerdo de Richard era más fuerte que su voluntad para olvidarlo. Aunque no lo deseara, el caballero de piel morena y seductores modos se había colado en su mente, y lo que era más grave, se había instalado en su corazón. El amor es un impulso, nunca una elección, y para ella aquel estímulo le absorbía en un fiero torbellino de sueños y deseos. Quiso asomarse a la ventana y gritar su nombre, correr tras él a su encuentro para besarle y decirle que el amor siempre es posible, más allá de todo, en una tierra de nadie, allí donde algo esté por conquistar, un espacio libre para crear un mundo que sólo pertenezca a dos, un lugar, donde el amor y la pasión aún sean importantes. Pero estas sensaciones eran nuevas y ella sabía que por mucho que lo intentara, no podría cambiar la realidad de este amor. La joven niña que aún vivía en su interior se preguntaba, con la inocencia de quien jamás había entregado totalmente su corazón, porqué el amor dolía. La confundía el hecho de que, por algún motivo, se sentía culpable. Culpable por su condición, culpable por su pasado, rea de muerte por no ser más de lo que era. Pero no quería, no debía entregarse a aquella tristeza que todo lo devoraba con la avidez hambrienta del dolor. Pero cómo evitarlo, como no darse cuenta y mirar para otro lado cuando el corazón entero pertenecía ya a un solo sueño. Le gustaba cantar, adoraba bailar y reír, conocer gente y saber que allá donde iba era querida, aceptada como era, pero cuando el amor aparece todo lo nubla con el vapor de su ardiente pasión. Aquel hombre le hablaba en silencio de una pasión inevitable, de sentimientos no concluidos nacidos del alma, le decía sin palabras, que ignorar aquel amor era como ignorar el cielo infinito y sus secretos. Algo la unía irremediablemente a él, haciéndole saber por instinto que aquel alma le traía silenciosamente pedazos de la suya. No sólo le amaba, también sentía que le pertenecía como él le pertenecía a ella, por derecho, por destino. La vida se había reducido al tamaño de su recuerdo, a la forma de su cuerpo, a la música de su voz. Pero porqué un sentimiento tan hermoso era tan convulso, porqué le daba vida y a la vez parecía que se la robaba. El amor, el más prodigioso sentimiento humano, fértil y devorador a la vez, cegador en su luz y tenebroso en sus sombras. Capaz de transportarnos tanto a un vivificante oasis como a un ardoroso desierto yermo. Pero que dulce veneno, que sublime muerte la de marcharse amando con el alma llena, con ese cargamento de pasión y de ilusiones que aquel querer nos trajo. En esta vida no hay mayor tesoro que el amor que con amor se paga, no más cielo que el cielo de otra alma que con afecto se confunde con la nuestra. El tu y yo entonces se pronuncia nosotros, y nunca, ya nunca jamás serviremos de alimento a la voraz soledad.

Monique se sintió repentinamente muy cansada y una leve sensación de ahogo le hizo toser violentamente. Se levantó con dificultad y buscó aire abriendo la ventana. Cuando se recobró, vio con tristeza que la sucia fachada de enfrente era todo lo que de París tenía. “Desde aquí”, pensó, “no puedo volar”.”

 


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QUÉ ES MONTMARTRE… (Fragmento de LA ROSA DE PARÍS)

la_rosa_de_paris-montmartre

Hoy vuelvo a sentirme en Montmartre,

con todo lo que ello significa…

Y quiero compartirlo contigo y para ello he elegido

un fragmento de mi novela, LA ROSA DE PARÍS.

La escena relata el regreso de Richard al Montmartre “nocturno”

después de un tiempo y tras haberse prometido no hacerlo.

“Aquí estoy, avanzando un paso hacia las tinieblas, sumergiéndome en las siempre procelosas aguas de un lago oscuro de orillas inabarcables. La mística de lo prohibido prende luces allí donde el camino se detiene a reposar, nos incita a ser tentados, nos conduce al borde mismo donde se pierde la conciencia moral y se abre un sugerente abismo que sólo espera un salto, un intrépido gesto que acepte, como testador del alma , el lanzado desafío.

Juego nerviosamente con una moneda entre los dedos mientras sigo mirando a través de las ventanillas del carruaje.

La noche recién nacida, trae frescor en su brisa y calor en su aroma. Voy a cruzar una línea divisoria, lo sé, una vez más… regreso a Montmartre, con todo lo que ello significa….

Juré no volver, pero tengo mis razones.

¿Qué tiene este lugar? ¿Qué es Montmartre?

Y después de todo este tiempo… ¡Tengo tantas respuestas!

Es… Un barrio de pecado y reducto de la bohemia. Estación final de un tren de vía estrecha con un destino seguro pero con un regreso incierto. Lugar intemporal que a nadie pertenece. Está dentro pero está fuera. Puedes visitarlo, pero no puedes poseerlo, pues su alma es alma libre que nada entiende de yugos ni nada sabe de dueños o servidumbre. El amor, la alegría, el desengaño, la lujuria, el arte, la quimera del sueño de libertad de tantos seres humanos, que aun en su aflicción, no conocieron sometimiento.

Montmartre era un antiguo pueblo que la voracidad expansiva de la ciudad había acabado por engullir y someter a la urbe. Pero un espíritu indeleble se aloja por sus calles, en sus colinas, en rededor de las plazas, en el desnudo sin pudor de sus árboles en el plumoso otoño de París; jugando a rodar por sus empinadas calles siempre bulliciosas, vigilando el devenir de la ciudad desde su atalaya en las colinas, dotando a sus plazas de fuentes de embriagadora agua y sutil conocimiento, siendo voz y canto de la suave brisa que transformada en libre pájaro, nos da su risa y nos da su llanto cuando el quiero se convierte ya en demasiado tarde. Montmarte es una idea dentro de otra idea que no la pudo someter. Si París es la elegancia y el amor, Montmartre es la inspiración y el arrebato. Es un descenso a los infiernos que permite la noble y heroica confrontación con uno mismo, uno de esos viajes que transforman algo que late en algún lugar dentro de nosotros, pero que nuestros estrictos conceptos morales nunca habían dejado crecer.

La historia de Montmarte es la vida de sus gentes, la memoria de tantas crónicas nacidas en el censurado seno de sus calles. Adentrarse en su territorio implica exponerse a la tentación de su conocimiento y a la derrota de la voluntad en pos de un deseo.

Como en todo templo, en Montmartre hay un umbral, una puerta sin defensa ni censura que se deban sortear; Más allá se encuentra….. El Moulin Rouge y todo su seísmo sensorial…”

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